domingo, 26 de junio de 2016

Las Gemelas


La bonita y dulce vida de los Foster parecía una historia feliz sacada de un cuento de hadas. Marlene y Stuart, eran una joven pareja de recién casados, con futuros prometedores. Los 2 primeros años en la relación transcurrieron de una forma plena y mágica, viviendo su idilio de amor. Para el otoño de ese mismo año, a los pocos meses del aniversario, una noticia inesperada los sorprendió, la bendición de la concepción tocó su puerta y por partida doble, Marlene se encontraba en estado,  a la espera de gemelas.
Los siguientes meses fueron llenos de alegría y mucha emoción en la familia, todos anhelaban con ansias la llegada de las gemelas Mariana y Scarleth. Un sábado común se convirtió en día de júbilo, Marlene rompía fuente, las niñas por fin decidían ver la luz de un mundo que las esperaba con los brazos abiertos. La belleza de sus bebes cautivaba a primera vista, a medida que los días avanzaban su encanto parecía ir en aumento al igual que la felicidad de sus orgullosos padres que recibían a 2 maravillosos regalos de Dios.
6 años pasaron en un abrir y cerrar de ojos, Mariana y Scarleth se volvieron un par de niñas hermosas. El tiempo de la escuela ha llegado, las gemelas deben cruzar la avenida cada mañana para asistir al colegio, Marlene con sumo cuidado se encarga de llevar a sus hijas tomadas de la mano, es una carretera muy peligrosa, por lo que tienen prohibido cruzar solas. Sin embargo ese martes a las 7:00 am, la tragedia con sus garras inescrupulosas,  rondaba en la esquina, acechando con descaro sin que nadie lo imaginara. Su madre había logrado establecer un estatus profesional, convirtiéndose en una reconocida abogada de talla internacional, el trabajo por más que lo evitará copaba su tiempo, caminaba junto a las niñas en dirección a la escuela, pero una llamada importante la distrajo, al jefe le urgía verla de inmediato en el bufete, Marlene se entretuvo en el teléfono y por un momento se olvidó de las niñas, fue los gritos de la gente lo que llamo su atención, un espantoso accidente acababa de ocurrir, con profundo pánico se percató que sus hijas no estaban junto a ella, entonces corrió de prisa a mirar entre la curiosa multitud que se acercaban para ver lo que sucedía, el celular cayó al suelo y luego Marlene le siguió, quería morirse, si la tierra podía tragársela ojalá lo hiciera en ese instante, sus ojos ahogados en lágrimas observaron cómo Mariana y Scarleth yacían tiradas en la calle, un camión las atropelló a mitad de la avenida, las gemelas desobedecieron a su madre que por estar al teléfono no se dio cuenta cuando las niñas quisieron atravesar la carretera, fue en vano todo lo que chófer del tráiler intento para esquivar a las pequeñas, el impacto fulminante les arrebató la vida a las dos.
La amarga tragedia marco su matrimonio y a toda la familia, pero sobre todo a Marlene quien no podía superar esa irreparable pérdida, la imagen de sus hijas ensangrentadas en medio de la calle no la dejaba conciliar el sueño, el recuerdo de las gemelas estaba presente a sol y sombra, podía verlas a donde quiera iba, las le niñas gritaban, reprochando siempre que por su culpa estaban muertas, mientras una enorme cantidad de sangre comenzaba a salir de sus bocas.
Cuando Marlene se hallaba al borde de la locura y el matrimonio casi colapsaba, el tiempo fue el único consuelo para apaciguar la tristeza, 3 años después de perder a sus hijas, el destino les obsequio una razón para volver a sonreír, Marlene una vez más estaba embarazada de gemelas.
Aunque había superado las horribles visiones que la aquejaban, nunca olvidaría a sus niñas. Tras la llegada de Yuvana y Juliana las otras gemelas, la vida de Marlene podría acomodarse de nuevo, sin embargo cada día que pasaba las pequeñas tenían un parecido abrumador a sus hijas muertas, para sus padres era una tortura ver el parecido a sus hermanas, pero eso sólo les recordaba el doloroso pasado y los hacia caer en cuenta de que debían proteger a las niñas de todo mal. Cuando cumplieron 6 años Yuvana y Juliana eran una copia al carbón de Mariana y Scarleth, algo que a veces atemorizaba un tanto a su madre, porque su peor temor era no poder proteger a las gemelas.
Un sábado por la tarde, las niñas jugaban en el patio, Marlene preparaba la cena sin perderlas de vista ni un segundo, el teléfono de la sala sonó insistentemente haciendo que Marlene dejará de lado la comida para atender, al concluir la llamada, regresó de inmediato a la cocina, sus ojos lucieron desorbitados de pánico, cuando miro por la ventana que las gemelas ya no estaban, angustiada salió a la calle gritando el nombre de las niñas de forma reiterada, para su alivio se encontraban paradas a un lado de la carretera, a Marlene le fue inevitable soltar el llanto ante lo preocupada que estuvo. Abrazo a las niñas que miraban fijamente la calle, su mama inquieta les pedía que jamás salieran solas a la avenida.

–     Tranquila mami, no íbamos cruzar, tan sólo queríamos saber dónde morimos.

Esa respuesta la dejó helada, los ojos de las gemelas empezaron a derramar sangre, sus pulcros vestidos se cubrieron de tierra y asfalto y las manos de Marlene fueron salpicadas por la sangre de las pequeñas, de repente se vio rodeada por las miradas de la gente, quienes apreciaban su dolor, una pobre madre cargando a sus niñas muertas, su  realidad se desplomó como un cristal roto en mil pedazos, su mente mezclaba los recuerdos del pasado con una vida ficticia que ella misma en su cabeza se inventó.

Perder a sus hijas fue algo que no pudo superar, Marlene terminó desquiciada entre cuatro paredes sintiendo la gran culpa, por no cuidar a Mariana y Scarleth, aunque nunca está sola, las gemelas siempre la acompañan.

domingo, 19 de junio de 2016

La Bella y la Bestia


Las campanas de la Iglesia repicaban, todos corrían a refugiarse en sus hogares, vislumbrando el ocaso que entre nubarrones grises absorbían los pocos rayos de sol, como ese último suspiro en la vida de un moribundo que se apaga, cayendo la oscura y seductora noche, con tantos ruidos y misterios que atrapan en sus redes a esos errantes que transitan por las calles, dejando consigo una lista en ascenso de desapariciones inexplicables.
Isabella Dragovic, era la menor de tres hijas huérfanas, a la que sus hermanas mayores obligaban a trabajar como stripper, sacando provecho de su inigualable belleza, aquel rostro perfecto que Dios le regaló y un cuerpo de ensueño que parecía esculpido por los Ángeles, Milena y Anarella sus insensibles hermanas, sabían cómo explotar al máximo a Isabella, a quien odiaban por tener lo que a ellas les faltaba,  el cielo no fue tan generoso con ninguna, su aspecto obeso y robusto las hacía dos mujeres nada apetecible ante los hombres, la bendición de Isabella fue también su maldición, convertida en una simple arma erótica que le llenaba los bolsillos de dinero a sus grotescas hermanas, con lo cual podían saciar los vicios y el exceso.
A altas horas de la madrugada, Isabella se paseaba por la avenida, como cualquier otra noche caminaba a casa, después de vender su silueta, deleitando los corazones solitarios de aquellos hombres, que encontraban un consuelo en el ritmo acompasado y sensual de su cuerpo, fumaba un cigarrillo, algo cansada de tanto caminar en tacones, decidió quitárselos y con sus pies descalzos continuo avanzando por el callejón, sintiendo un cosquilleo helado, por el frío suelo que pisaba. De manera repentina una extraña sombra paso sobre ella, sólo fueron unos segundos fugaces, sin embargo eso llamó su atención por lo que quiso darse prisa, pero justo cuando casi llegaba, escucho un gruñido que parecía venir de la esquina, su piel se erizo y un escalofrío terrorífico recorría su cuerpo, sobre todo al notar que ese sonido iba acercándose cada vez más, por suerte para ella alcanzó llegar hasta su puerta, desesperada busco las llaves dentro del abrigo, pero los nervios le ganaban, al sacarlas del bolsillo se le escurrieron de las manos dejándolas caer,  se dobló a recogerlas y cuando se incorporaba de nuevo, una respiración espesa acarició su cuello, el ardiente aliento se repitió en varias ocasiones, soplando fuerte alrededor de su nuca, las piernas de Isabella flaqueaban, víctimas del temor profundo que la invadía al verse sometida por esa cosa que la sujetaba desde atrás, rodeando el cuerpo de su presa, con ambos brazos a la altura de su cintura, aunque intento zafarse de él, le fue imposible liberarse de la bestia, en el instante en que quería gritar, Isabella sintió un dolor agudo, como dos agujas que se hundían en la delicada piel de su cuello, ella no supo explicar esa sensación que se extendió durante unos cuantos segundos que se volvían eternos, su fuerza se desvanecía lentamente en medio de un placer indescriptible, que se mezclaba con la agonía de quien padece una herida mortal, aunque poco a poco iba quedando sumergida en un sueño incontenible, sin embargo  el cúmulo de sensaciones que habitaban dentro de ella, le sirvieron como envión anímico para soltar desde el fondo de su ser un grito desgarrador, que denotaba la pasión descontrolada de un alma que se despide de su vida, entre sufrimiento y placer. El eco de su vos despertó a Milena y su hermana Anarella, que asustadas con lo que oían, fueron a mirar por la ventana, para entonces la bella y la bestia se habían esfumado, dejando sólo una colilla de cigarro y sus zapatos de tacón alto, tirados junto a la puerta.
Su cuerpo reposaba tirado sobre una lápida de piedra, se encontraba amarrada en cada una de sus extremidades, junto a una hoguera con llamas infernales, mientras unos espectros con cara de murciélago danzaban frente a ella, desmembrando los cuerpos de personas que caían desde lo alto de un abismo, para ser devorados por esas hambrientas criaturas que se alimentaban sin parar. Tras saciar su apetito los monstruos comenzaron a escurrir el líquido vital de los cadáveres, llenando algunas vasijas, que llevaron hasta ella ofreciéndole las copas con sangre.
En ese momento Isabella despertó de la terrible pesadilla, viéndose en un sitio totalmente desconocido, en una gran cama y luciendo un hermoso vestido rojo de seda, en su dedo traía puesto un hermoso anillo de diamantes, la boca le dolía y sus labios hinchados sangraban levemente, unos enormes colmillos sobresalían como dientes de sable, su reacción inmediata fue salir huyendo de allí, pero al abrir la puerta, él estaba esperándola, gigante y de cuerpo peludo como un animal, aunque sus ojos lucían como los de un ser humano, su cara horrible, los dientes afilados y esas grandes orejas puntiagudas le daban un aspecto abominable, con unas inmensas alas de murciélago que cubrían su espalda, era un vampiro mitad hombre mitad bestia.
Como en su sueño, la bestia le ofrecía un trago sangriento, pero Isabella lejos sentir repulsión, podía notar que todo en su interior le invitaba a probar ese néctar divino, sin poder resistirse termino tomándose hasta la última gota, sin embargo no fue suficiente, aquello despertó dentro de ella un deseo indetenible que le pedía más y más.
¿En qué se convirtió?, ¡pensó!, tras un instante de lucidez,  entrando en pánico y comenzó a llorar, con asco y horror al ver sus antojos, estaba decidida a salir de ese maldito lugar y esta vez ese monstruo no la iba a detener, corrió como nunca antes en su vida lo hizo, aunque alcanzó a escucharlo decir:

– Ve mi Bella Esposa y cumple tú destino.

Anarella oyó la llaves y la puerta se abrió, viendo que Isabella entraba, 3 noches pasaron desde la última vez que la vieron y no sabían su paradero, pero Milena vio que Isabella regresaba usando un precioso vestido, sintiendo mucha irá, lloraba por las cosas espantosas que le sucedieron, pero en vez de encontrar consuelo en casa, sus hermanas la recibieron a los golpes, molestas la insultaban por hacerle pensar que algo malo le ocurrió, cuando la joven cayó al suelo Milena pudo observar el maravilloso anillo que llevaba en la mano, decidida a arrebatárselo la abofeteo dos veces, sin embargo eso en vez de desmoronar a Isabella sirvió para reavivar en ella el instinto voraz que antes experimentó, algo en su rostro cambio, los colmillos volvieron a crecerle y lo único que podía calmar su sediento apetito infernal era la propia sangre de sus hermanas que petrificadas veían como la dulce Isabella que siempre dominaban a su antojo, al fin se revelaba después de tantos años de ultraje y sumisión, por más que lloraron y suplicaban, Isabella no se detuvo hasta secar las venas de esas pobres desgraciadas. Luego que el banquete terminó, sus ojos brillaban con una luz infernal, su hermosura jamás fue más radiante que ese día, ahora sólo debía seguir el llamado de su corazón que la incitaba a volver al Castillo de su esposo, donde la Bella y la Bestia vivirían felices por toda la eternidad. 

domingo, 12 de junio de 2016

Ojos Amarillos


Muchas veces creía, que la muerte quizás sería hasta más dulce que la amarga tortura de vivir preso de sus sueños frustrados, una agonía que tenía que afrontar día con día, librando una batalla contra la decadencia, en la que estaba en juego su propia vida, Marcus Batista fue durante años un músico fracasado que no veía una salida decente que lo alejara del suicidio, cada noche ahogaba entre copas sus penas, cansado de ver como se cerraban las puertas a donde quiera iba, un día decidió que aquello tendría que terminar, que la hora llegaba y nada lo detendría, se dirigió hasta el edificio más alto de la zona y subió al último piso sin dudarlo, en la azotea observó cuán pequeño se veía el mundo desde allí arriba, respiro hondo y decidió lanzarse, sin embargo su voz lo detuvo.
             –Yo Puedo concederte todo lo que has imaginado –
Marcus voltio enseguida y vio frente a él, la mujer más bonita que había mirado, con esos ojos amarillos seductores y sus labios color chocolate que le daban un aire de belleza y misterio tan encantador.
– ¿Quién Eres tú? – Pregunto Marcus –, con la vista fija en sus hipnóticos ojos amarillos.
–Sólo con un beso serás mío para siempre, tú alma me pertenecerá y a cambio tendrás todo lo que soñaste, tú simple y miserable vida se convertirá en una maravillosa historia de éxitos, fama y fortuna – esas fueron  sus palabras.

Ese demonio con forma de mujer, aguardaba con ansias la respuesta de un Marcus que tras escuchar lo dicho por ella, fue a sus brazos sin remedio buscando alcanzar esos labios divinos que lo invitaban al pecado, sin saber que probar su boca, era el beso de Judas que condenaba su existencia, tal vez ahora podría alcanzar sus metas y las recompensas materiales que anhelaba, pero a un alto precio que tarde o temprano debería pagar.

Dormía tan plácidamente que ni unas cuantas caricias lo sacaban del letargo en que se hallaba, Marcus despertó creyéndose en un sueño más grande, no podía creer lo que miraba, junto a él una hermosa rubia lo abrazaba con ternura y a su izquierda otra fémina despampanante le acariciaba el cabello, se encontraba rodeado de 2 bellas mujeres en un cuarto de hotel digno de un rey, un par de mesoneros tocaban a la puerta, trayendo consigo el suculento desayuno, típico de un músico de su talla.
Marcus Batista se volvió una súper estrella de fama internacional, alcanzando la cúspide del cielo, en diez años repletos de logros y más logros, pero lo irónico de su fantástica realidad es que Marcus no recordaba nada de su nueva vida, es como si aquel tiempo vivido se fue en un segundo sin dejarle disfrutar ningún momento.
La fama de Marcus rebasaba cualquier límite, su riqueza era incalculable, sin embargo la mágica vida de ensueño, realmente era un fraude que tenía fecha de vencimiento y su época de felicidad cambiaría a un infierno en la tierra.
Cada mañana cuando despertaba un ruido como agujas de reloj atormentaba sus oídos, un zumbido en la cabeza le decía que en cuestión de días su trato vencería. La siguiente semana paso agonizando entre pensamientos y alucinaciones, en las calles los animales parecían compartir la misma mirada, unos ojos amarillos que a donde fuera le seguían. La mujer de ojos amarillos aparecía en su mente a cada segundo, su vos retumbaba como un eco incesante que no paraba de repetirle que pronto vendría a reclamar, lo que por derecho era suyo.
Todo estaba listo para la primera noche de concierto que daría inicio a una gira musical por todo el mundo, la multitud emocionada gritaba el nombre de su artista predilecto quien promocionaba el décimo disco en 10 años, Marcus salía a escena tratando de olvidarse de la mujer de ojos amarillos, cuando la banda empezó a tocar la música invadió los Sentidos del cantante que sólo pensaba en dejar salir su voz y llenar el ambiente con sus canciones, sin embargo su voz se quedó estancada como aprisionada en una caja metálica con cadenas que no la dejaban fluir por su garganta, todo a su alrededor empezó a dar vueltas, la música cambio por gritos que rechinaban como susurros de lamento y mientras observaba entre el público, los ojos de sus miles de asistentes comenzaron a brillar con un color amarillo que desatacaba por encima de las luces del escenario, desesperado Marcus bajo de la tarima en total descontrol alejándose de allí sin que nadie pudiera detenerlo, ante la vista incrédula de sus fans que no entendían que sucedía con su ídolo.
La maratónica carrera que emprendió lo condujo muy lejos, yendo a parar sin darse cuenta al viejo barrio donde por tanto años vivió sumergido en la triste pobreza, pero ni eso valió para escapar de sus garras, la mujer de ojos amarillos aparecía en cualquier lado, aunque Marcus huía como loco queriendo librarse de esa maldita cosa. Los latidos de su corazón resonaban fuerte haciendo eco en el silencio, compaginándose  con sus pasos agitados que se abrían camino entre un aire helado que paralizaba a cualquiera, hacia una pausa obligada observando si al fin la dejaba atrás, solo para descubrir con espanto que ella le seguía la pista a cada segundo, no tenía idea que pasaría con él, pero estaba casi seguro que le esperaba un final doloroso por vender su alma.

Unos perros ladraban y otros aullaban, los gatos arañaban las paredes y las palomas aleteaban perdidas en la oscuridad de la noche, Marcus no sabía qué hacer, viendo la sombra de su perseguidora acercarse entre los faroles de la calle que de repente explotaban uno por uno a medida que la mujer circulaba por allí, su sexy y dulce vos repetía el nombre de Marcus, alternándose de vez en cuando con un tono de ultra tumba que le erizaba la piel. Sin escapatoria alguna, termino justo donde todo inicio, en el edificio en el cual la vio por primera vez, Marcus camino por la cornisa, retando su equilibrio, sin importarle caer al vacío, ella apareció de inmediato, reclamando solo un beso más para poder absolver su alma y dejar su cuerpo sin vida, su legado musical prevalecería en el tiempo mientras su espíritu se consumía en las llamas eternas del infierno, pero Marcus no estaba dispuesto a complacerla, la mujer de ojos amarillos con un grito lleno de ira y de rabia le ordeno bajarse, sin embargo Marcus tenía esta vez suficiente alcohol en sus venas para hacer lo que su corazón le dictaba y no dejarse atrapar por aquella hipnótica mirada,  se encomendó a Dios y con una sonrisa irónica se dejó caer, ante los infernales alaridos de protesta de un demonio de ojos amarillos que perdía una jugosa alma.

A las 6:00 am el cuerpo de Marcus Batista, un indigente de la calle fue descubierto por vecinos del lugar. Mientras ese demonio sigue por ahí, oculto entre las sombras, con sus ojos amarillos al asecho, en busca de nuevas almas que comprar.

domingo, 5 de junio de 2016

Juega Conmigo


Esa mañana de abril, jamás imagine que mi vida cambiaría así, conocí el amor en sus brazos y es que me regalo el motivo de felicidad más grande, un hermoso anillo de diamantes con el que me pedía ser su esposa.
Fue imposible negarme a esa maravillosa sorpresa, las semanas fueron pasando y solo se respiraba en el ambiente aires de boda, con todos los preparativos del casamiento mi alegría brotaba por los poros, no sé cómo paso el tiempo tan rápido, un día repartíamos las invitaciones, y al siguiente los invitados en la iglesia asistían al matrimonio de Helen Brown y Arthur Heredia.
Aun no podía creerlo, ¡Mi Boda!, las cosas salieron tan perfectas que en cuestión de segundos fui oficialmente su esposa. Esa noche los obsequios no paraban, pero el más increíble llego de parte de Abraham Heredia, el abuelo de Arthur, quien nos entregaba las llaves de la casa donde pasaríamos la luna de miel, se trataba de una recién adquirida propiedad, ubicada en un paradisíaco pueblo de la costa.
Hicimos el largo viaje emocionados por conocer nuestra nueva casa.
-¡es majestuosa!- alcance a decir en medio de mi gran asombro al ver aquella inmensa casona, era una mansión estupenda, rodeada por un bosque en su parte trasera y a orillas de la playa, lo mejor es que teníamos la casa completamente para los dos. Apenas entramos se nos iba la vista observando las decoraciones y el interior, había unas 12 habitaciones en el primer piso y quizás 8 más arriba, sin dudas que disfrutaríamos esa temporada en la casa.
3 Noches han pasado y yo no duermo, parecerá una locura pero siento algo extraño cada que anochece, no sabría explicarlo, la otra noche la brisa soplaba fuerte a la ventana, me levante para cerrarla y al hacerlo, tuve la impresión que algo se reflejaba en el cristal, el rostro de una niña demacrada y con el cabello maltratado, después cuando casi conciliaba el sueño un susurro tenebroso sacudió mi oído, claramente era la vos de una niña que me decía –Juega Conmigo-
Sin embargo no preste atención a ninguna de esas cosas, de seguro ha sido producto de mi imaginación, hoy decidí recorrer el bosque mientras Arthur iba al centro, por unos víveres en el pueblo, camine unos cuantos metros y aprecie un columpio al pie de un árbol, sentí muchas ganas de acercarme y empecé a mecerme en el cómo hace años no lo hacía, goce aquel agradable momento, hasta que oí una risa desconocida que me erizo la piel, una niña sonreía notablemente contenta, desconcertada mire a todos lados pero no vi a nadie, solo había un viejo muñeco de trapo tirado en el tronco del árbol, no sé cómo llego ahí,  porque sabía perfectamente que antes no estaba. Por más que quise alejarme algo me impulsaba a tomarlo, no pude resistirme y me lo lleve a casa.
Tomaba una ducha de agua fría para relajar mis músculos, el agua caía por mi piel y yo con los ojos cerrados cantaba mi canción favorita, en un breve parpadeo, abrí mis ojos y vi que una niña me espiaba, sujetaba la cortina del baño entreabierta, me espanto tremendamente, grite con todas mis fuerzas, cosa que a ella no pareció importarle, seguía parada viéndome fijamente y la regadera salpicaba su vestido blanco, cuando Arthur entro por la puerta, gire mi cabeza mirándolo muy asustada, solo bastaron unos cuantos segundos para que al voltear la niña ya hubiera desparecido.
Desde ese horrible suceso mi vida en esa casa se convirtió en un infierno, insistí miles de veces a Arthur que nos marcháramos de inmediato, sin embargo él nunca me escucho, argumentaba que si nos íbamos antes de la fecha planeada seria como una ofensa a su abuelo. En todas partes escuchaba su vos que me invitaba a jugar, su risa que no sabía si se burlaba de mi o si disfrutaba tenerme cerca. Una tarde en que quise deshacerme de aquel muñeco de trapo, la vi nuevamente, esa niña se puso frente a mí y con su dedo meñique me decía que no lo hiciera, sin embargo no permití que me intimidara, abrí la ventana e intente arrojarlo, ella empezó a gritar, dando un chillido espantoso que quebró los vidrios de la ventana y por poco también revienta mis tímpanos, desesperada desistí y entonces casi enseguida ella satisfecha se desvaneció. Fue cuando apenas note como mis brazos sangraban con los cristales que se incrustaron en mi piel, cuando Arthur irrumpió en la cocina y vio mis heridas, fue el detonante indicado para que por fin entendiera que debíamos irnos de allí, corrimos de prisa olvidándonos del equipaje, pero por más que Arthur quiso encender el auto, no lo consiguió, resignado sobre el volante no sabíamos qué hacer, cuando observe por el espejo retrovisor la vi reflejada con una mirada de ira en sus ojos, en ese instante el motor del vehículo echo andar por sí solo, el acelerador se hundió a fondo y salimos a toda velocidad sin poder detener el inminente impacto que nos llevó contra un arbusto, Arthur salió disparado por el parabrisas yendo a parar afuera, por mi parte sufrí un simple golpe en la frente que me abrió una herida, fui rápidamente a ver como se encontraba mi esposo, sintiendo el dolor más desgarrador de mi vida al notar que se encontraba sin signos vitales, su cuello roto le causó la muerte instantánea. Junto a mí apareció la niña sujetando su muñeco de trapo, me ofreció su mano, con mi corazón helado de miedo acepte y caminamos hasta a la casa.

Ya no recuerdo cuando fue la última vez que vi la luz del día, ni tampoco donde quedaron mis lágrimas, solo sé que el silencio hace tiempo que se apodero de mí, poco a poco me acostumbre a su oscura compañía, lo único que ahora escucho además de oírla sonreír, es su maldita vos que siempre me dice -¡Juega conmigo!-

domingo, 29 de mayo de 2016

Instintos Siniestros


Siempre existe la mente sucia y macabra que sacia sus desquiciados pensamientos de la peor manera. Aunque los sabios afirman que un demente nunca podrá esconder su lado oscuro, pero ¿Y si están equivocados?

Edward Nolan, era el tipo de hombre que cualquier mujer soñaría, esposo ideal, padre ejemplar, exitoso en los negocios, respetado y amado por todos. Su vida no podía ser mejor, cada día con una rutina que seguir, sumando elogios y dinero, sin embargo por las noches guardaba su traje y corbata y se enfrascaba en una travesía inimaginable para el resto del mundo, sacando a flote los instintos siniestros que guardaba detrás de esa fachada de hombre perfecto.
Ese domingo por la noche cuando el reloj marcaba las 11.00, los latidos de su corazón casi podían oírse a miles de kilómetros y su respiración cada vez más agitada eran la clara señal de que una fuerte emoción le embargaba, nada le daba más placer que lo que estaba a punto de llevar a cabo.
Eva venia algo tomada, unos cuantos tragos y una pelea con su novio, le hicieron abandonar frenéticamente la discoteca donde pasaba un buen rato, debido a la hora sería difícil tomar un taxi, así que decidió caminar unas cuadras hasta llegar al apartamento de Carla su mejor amiga, debía darse prisa antes que sus padres llamaran, se armaría un tremendo lio si la madre de Carla les contaba que ella no se encontraba en casa. Su papa le enseño que mentir no era bueno, sin embargo ese fin de semana Eva olvidó aquel consejo y se inventó una pijamada como excusa para irse de fiesta con su novio Mark, un plan que al final no resulto como deseaba, regreso antes de tiempo y molesta por los celos excesivos de Mark, pero nunca se detuvo a pensar las consecuencias de sus actos, una chica sola caminando a la deriva y en medio de la noche, seria presa fácil para cualquiera.
No podía explicar las miles de sensaciones que recorrían su mente cuando jugaba a ser Dios, en sus manos quedaba la decisión, una calle oscura, transeúntes que iban y venían uno tras otro, oculto en las penumbras de la oscuridad él aguardaba el momento indicado para sentenciar a su víctima de turno, mujeres, hombres, no importaba, porque cuando elegía a su presa el destino final de esa persona estaba sellado.
Podía escuchar sus pasos acercándose, el sonido singular de sus tacones le advirtió que se trataba de una mujer sola, ¡justo lo que necesitaba! su ritmo cardíaco iba en aumento a medida que aquella pobre desgraciada venía hacía a él, sin imaginarse que se dirigía a un viaje sin boleto, sus enfermos pensamientos no paraban, había tantas cosas que podía hacerle, quizás someterla y llevarla a su cuarto secreto de torturas para darle rienda suelta a su maldad, hasta que ella misma suplicará su muerte, apuñalar su estómago ciento de veces, mirándola a los ojos para gozar en primera fila, viendo como la llama de su vida se iba apagando lentamente. O si le apetecía esa linda mujer podría disfrutar el néctar de su piel antes de sacarle del pecho la fuente de su vida. Sin embargo esa noche no tenía mucho tiempo disponible para aprovechar a su víctima, su esposa lo esperaba en casa, así que mejor usaba el revolver que traía bajo su chaqueta y haría un trabajo rápido pero letal.

Eva se aproximaba a la esquina donde sin saberlo un trágico desenlace le esperaba, mientras Edward alistaba su Colt Anaconda, le gustaba ese revólver Mágnum de 11 mm por su precisión y fácil manejo, solo bastaba con un disparo certero para destrozar su blanco. El gran instante para ese lunático asesino llego, la mujer pasaba frente a él sin notar su presencia debido al traje negro que le servía como camuflaje en las tinieblas, al tener su ansiada oportunidad, salió de las sombras se paró detrás de ella y sin darle tiempo a reaccionar halo el gatillo de su revólver, y con un disparo a quemarropa depósito en la cabeza de la infortunada un cartucho que le causó un inmenso hoyo en el cráneo, el cuerpo de la mujer calló al suelo regando su sangre por todos lados, la mató instantáneamente.
Su corazón parecía querer salirse del pecho, por fin volvía arrebatarle la vida a alguien, ya no tenía idea de cuantos muertos figuraban en su amplia lista, pero se sentía satisfecho y feliz cada vez que lo hacía, pronto se iría de la ciudad para celebrar el cumpleaños 20 de su amada hija y pasaría un tiempo hasta que pudiera asesinar nuevamente, ahora podía regresar a casa tranquilo, sin embargo no se marcharía de allí, sin antes apreciar el rostro de esa mujer, su cadáver reposaba de espalda en la acera, con una sonrisa de oreja a oreja, giró el cuerpo, sacó una lámpara del bolsillo, le apartó el pelo de la cara y alumbró su rostro, ningún asesinato le causó el sentimiento que ahora experimentaba, sintió como mil puñaladas herían su corazón, que siguió latiendo pero ahora con una intensidad inigualable, su risa cambió por llanto, las lágrimas comenzaron a caer sobre el cabello rizado de Eva, no tenía palabras para expresar su desespero, sobaba sus mejillas y limpiaba los restos de sangre que habían en su cara.

Edward Nolan un maniático asesino en serie que aparentaba ser un hombre incapaz de lastimar a una mosca, era realmente un despiadado sin corazón que gozaba matando a cuánta persona pudiera, pero esa noche el destino le pasaba factura, descubriendo en su nueva víctima un rostro familiar.
Con la oscuridad de la noche se dificultaba distinguir el rostro de su presa, siempre buscaba calles solitarias y oscuras, al dispararle por la espalda no pudo apreciar su cara, y ya era demasiado tarde para arrepentimientos, una vez más empuño su revólver, era momento de cometer su último asesinato, colocó el dedo en el gatillo y sin dudarlo ni un segundo, disparó.

Un cumulo de sangre y cerebro se esparcieron salpicando la pared de la esquina, el cuerpo de Edward cayó al suelo, junto al cadáver de su hija Eva.

domingo, 22 de mayo de 2016

La Bruja de Villa Cristal


Villa Cristal solía ser un lugar dulce y tranquilo, sus habitantes vivían rodeados por la fresca naturaleza la mayor parte del año, a excepción del invierno donde todo el pueblo se cubría de nieve y frías temperaturas, pero ya era algo con lo que su gente estaba acostumbrada a lidiar.
Una tarde de verano Rowina Mcgregor llegó al pueblo, una joven cuya belleza era tan grande como su misteriosa procedencia, nadie sabía de donde venía, tan sólo que había comprado la vieja cabaña del lago.
Los hombres quedaban embriagados con su seductora mirada y unos labios que despertaban pasiones, cuando se dedicó a reparar su nueva casa, no sobraron las manos que se ofrecieran a ayudarla, en dos semanas la cabaña lucía restaurada. El tiempo transcurrió, los días pasaron y se volvieron meses, entrado el invierno Rowina ya se había convertido en otra pueblerina más, sin embargo no dejaba de haber un lado intrigante a su alrededor, Katherin Bulls la esposa del magistrado insistía que detrás de aquella chica con cara de niña buena, se escondía algo tenebroso, pero para su esposo Matías eso se llamaba celos y envidia.
Rowina tenía gran empatía con los niños, las deliciosas galletas que horneaba atraían a los infantes que iban y venían a cada rato.
Henry el hijo de Katherin y Matías adoraba esas galletas, lástima que únicamente podía comprarlas en el día, porque Rowina nunca recibía visitas por las noches, era un tanto extraño pero jamás la veían salir de la cabaña al anochecer, sin embargo ese viernes aunque hacía una noche helada Henry deseaba comer sus ricas galletas y aprovechando que aún jugaba con sus amigos Albert, Emily y Danna, pensó que sería genial ir por unas cuántas galletas, una idea que a los otros niños les encantó. Al llegar a la cabaña tocaron varias veces la puerta aunque Rowina no abrió, ellos siguieron insistiendo pero todo fue en vano, los niños se dieron por vencido, mejor se marchaban antes que sus padres se enojaran. Cuando iban de regreso, se toparon con una anciana que cargaba consigo una canasta, la vieja saludo a los niños y le ofreció una galleta a cada uno, ellos la aceptaron y comieron con gusto, para Henry el sabor de esas galletas le fue familiar, eran exactamente iguales a las hechas por Rowina.
La Vieja aprovechándose de la situación los engatusó para que la acompañaran, diciendo que en su casa tenía muchas más. Los chicos caminaron detrás de ella siguiendo a la anciana, lo más extraño es que se dirigían al mismo sitio donde habían estado antes, ¡la casa de Rowina! sin embargo a ninguno pareció importarles eso, es como si en su cabeza sólo pensaban en galletas. Dentro de la cabaña la vieja les sirvió una bandeja repleta de galletas para que comieran a su antojo, mientras ellos disfrutaban aquel banquete sin preocuparsese por nada más, la anciana trajo unas grandes agujas con las que les realizo una extracción de sangre, llenando 2 copas con el líquido vital de los niños, quienes no se percataban de lo que sucedía a su alrededor. Con glotonería en sus ojos levantó cada una de las copas y bebió de ellas como si tomará el mejor de los vinos, casi al instante sus arrugadas manos comenzaron a recobrar vida, la palidez de su rostro fue tomando color, su blanco y escaso cabello se tiño de negro, torneándose lacio y abundante, la poca dentadura de su boca se fue llenando de unos dientes perfectos que adornaron sus carnosos y jugosos labios. Finalnalmente la silueta de su cuerpo se hizo esbelta haciendo que el vestido que llevaba puesto cayera al suelo, tomó un pequeño espejo y con una sonrisa de satisfacción Rowina observó cómo su juventud y belleza regresaban de nuevo.
Los golpes en la puerta la sorprendieron, alguien tocaba con insistencia, ella de inmediato corrió a vestirse, el ruido pareció también llamar la atención de los niños que asustados no entendían como entraron a la cabaña, lo último que recordaban era a la anciana, pero entonces en ese momento Rowina apareció, explicándoles que su abuela los había traído. Al abrir la puerta se encontró con Katherin y Matías que buscaban a su hijo y a los demás niños.

-       Los hemos buscado por un largo rato  – exclamó Matías –
-       ¿Cómo permites que unos niños solos y a estas horas de la noche estén lejos de su casa cuando  empieza la nevada? – Pregunto Katherin –, (dijo ella, con un tono de enojo )
-      ¡Lo siento! los niños me pidieron unas galletas y no pude negárselas.
– Respondió Rowina –, (haciendo gestos que aparentaban lo apenada que estaba), prometí que apenas terminarán de comer, los acompañaría hasta su casa. - dijo ella -.
Después de terminar con su teatro de fingidas disculpas que tan sólo convenció a Matías, los padres se marcharon junto a los niños.

La siguiente mañana Henry ,despertó un tanto pálido, Katherin notó el cambio del niño y llamó al médico que después de examinarlo descubrió unas heridas diminutas en su brazo, como piquetes de aguja, Katherin recordó enseguida que la noche anterior creyó ver en la cabaña de Rowina unas agujas sobre la mesa, llegando a la conclusión que la mujer era responsable por lo ocurrido a su hijo, sobre todo al enterarse que los 3 amigos de Henry también presentaban marcas iguales en su cuerpo. La noticia se rego como pólvora en el pueblo, causando la molestia de los habitantes que reaccionaron de forma violenta, yendo a la cabaña de Rowina, la tildaron de bruja y fue acusada de practicar la magia negra. Decididos  a castigar a la bruja de forma violenta, la llevaron a orillas del lago que para esa época del año sus aguas heladas congelaban la piel, con la ayuda de un taburete sumergible la sentaron atada de pies y manos sobre una silla, sin importarles los gritos de la mujer, hicieron que la silla entrar y salir del agua a su antojo, pero ni siquiera después de que sumergieron a Rowina en el agua por unos cuantos segundos lograron hacer que confesara todo, Katherin que para ese entonces dirigía la tortura le ordenó a unos hombres que la colocarán sobre una superficie plana y desnudaron su cuerpo, Rowina temblaba de frío casi sin poder hablar,  aunque eso no era suficiente para satisfacer a la multitud, el barbero armado con un instrumento de metal, sin piedad alguna machaco todas sus articulaciones, ella agonizaba pero fue amarrada a la cola de un caballo y arrastrada hasta el medio del bosque, donde la dejaron colgando de un árbol en pleno invierno.


El pueblo dio por hecho que la joven había muerto de frío o por sus heridas. Poco más de un año después, Henry el hijo de Matías, desapareció sin dejar rastro en la primera noche de nevada. Una semana después, sucedió lo mismo con Danna la hija del barbero,  siguiendo los hermanos Albert y Emily.
Katherin la madre de Henry enloqueció, luego que su hijo desapareció, gritaba por las calles que Rowina McGregor era responsable, aseguraba que la bruja había regresado y que su maldición caería sobre el pueblo, al principio todos pensaron que era algo normal producto del dolor por su pérdida. Sin embargo para el final del invierno, cuando casi todos los niños del pueblo habían desaparecido, la gente asustada decía que el pueblo estaba maldito, muchos se marcharon de Villa Cristal, jurando que nunca más volverían a repetir el nombre de Rowina Mcgregor.

domingo, 15 de mayo de 2016

El Hada de los Dientes


Cuando niños todos tenemos la dulce ilusión de que existen seres mágicos, llenos de bondad y con una función especial en la vida, quien no ha soñado alguna vez con mudar uno de sus dientes, no importa si duele un poco, al final de cuentas serás recompensado, por el hada de los dientes. Dicen que cuando te vas a la cama guardas tu diente de leche debajo de la almohada, y por la mañana como por arte de magia, el diente se ha ido, dejando monedas a cambio. ¿Pero y si las cosas no fuesen tan bonitas como las cuentan?

Billy descubrió de la peor manera el lado oscuro que nadie conoce, la verdadera historia que alguien intentan ocultar.
A los 10 años sus dientes de leche empezaban la típica rebeldía de la edad, queriendo alejarse de nosotros y dejar el camino libre a los nuevos dientes que vendrían. Al principio le temía mucho a la idea de mudar sus dientes, por miedo al dolor, Martha su madre, apelando a la vieja escuela, usaba el hada de los dientes como esa figura que alentaría a Billy borrando el pánico que sentía y sembrando en su mente las ganas, de que el hada de los dientes le visitará y comprará sus dientes.
Por aquella época los dulces inundaban su vida, nada le gustaba más que comer golosinas, aunque luego venían los reproches, y los regaños de mamá, las caries aparecerían y entonces el hada de los dientes se enojaría porque sólo le gustaban los dientes sanos y limpios.
Aquel domingo por la noche, con un grito más por emoción que de dolor, Billy celebraba junto a Martha, ¡Por fin su primer diente se caía!
Era momento de hacer negocios, el hada vendría en busca del diente, para su suerte estaba pulcro y libre de caries. Aunque Billy no era el tipo de niño travieso que enloquecía a sus padres, tampoco se destacaba por ser tan obediente, Martha le aconsejó que debía dormirse sin hacer ninguna trampa, sino el hada de los dientes no vendría, sin embargo decidió esperar para conocerla en persona, se haría el dormido y vería su llegada, pero las horas transcurrían y nada sucedió, el sueño poco a poco le ganaba, hasta quedarse dormido profundamente, al otro día busco bajo la almohada y su diente ya no estaba, en su lugar había unas cuantas monedas para alegría de Billy. Satisfecho comió su desayuno y se marchó a la escuela, pero ahí no todo era color de rosas, sus clases se hallaban suspendidas, Anita una de sus compañeras se encontraba desaparecida desde el sábado, los padres de ella contaron a la policía, que su hija había mudado uno de sus dientes, con la peculiaridad de tener algo de caries, como siempre lo dejó bajo la almohada y dormía plácidamente cuando ellos se fueron de la habitación, pero al día siguiente para sorpresa de ambos, la pequeña no estaba, solo hallaron su cama vacía y lo mas tétrico de la escena, fue conseguir un diente en perfecto estado, por lo que supieron que no era el de su hija.
Los días pasaron y nada en la historia cambio, nadie sabía el paradero de Anita, mientras todos la buscaban, aconteció otro terrible hecho, dos niños fueron los próximos en desaparecer misteriosamente, al igual que Anita, Marcos y Paige se esfumaron de sus camas a mitad de la noche sin dejar rastro, lo único que quedó fue un diente blanco y perfecto, aún cuando ambos tenían problemas de caries, lo peor de todo es que las extrañas desapariciones no pararon allí, Arthur, Elisa, Cambell y Ruth, fueron los siguientes en la lista, todos con algo en común, los niños sufrían de caries.
Billy consternado como muchos en el pueblo seguían sin recibir noticia de sus amigos, pero nada le quitaba su apetito por los dulces, en las últimas semanas comía un poco más de lo normal, inclusive cuando Martha creyó controlar la situación, Billy a escondidas comía dulces sin parar, sin imaginarse que quienes que pagarian las consecuencias serían sus pobres dientes. Las molestias no tardaron en aparecer, sus dolores denotaban, el inicio de los problemas de caries, que vinieron acompañados por un nuevo diente a mudar, para Billy eso significaba dinero extra que utilizaría para comprar golosinas, después de 2 días, su diente se caía sólo, ahora solo bastaría al anochecer para que el hada de los dientes viniera a visitarlo.
Por la noche, cuando Martha termino de arreglar a Billy para dormir, puso el diente de su hijo debajo de la almohada, notando varias señales de caries, le dio un beso en la frente y se fue a su habitación.
Billy como la primera vez quiso esperar al hada de los dientes pero nuevamente el sueño le venció. Mientras él dormía, por la ventana se iba colando una especie de humo gris que inundaba la habitación, de la que poco a poco se comenzó a formar una silueta con apariencia de mujer, de cuerpo obeso y cabeza grande, con las manos alargadas y una boca sin dientes de la que salía su lengua larga y puntiaguda, en la espalda figuraban unas diminutas alas que terminaban de darle un aspecto horripilante, se acercó hasta Billy revisando su boca y relamiéndose los labios al ver el orificio en sus encías, por el diente caído, su lengua se movía por si sola como si tuviera vida propia, metiéndose como aguja en la piel y succionando la sangre de Billy que no se percataba de nada, por estar sumergido en algún trance.
En la habitación contigua Martha despertaba con el corazón acelerado, algo perturbada, se levantó de prisa yendo a la habitación de Billy seguida por su esposo Gabriel, en el cuarto del chico esa criatura espantosa seguía alimentándose de Billy, mientras sacaba varias monedas de plata de uno de sus bolsillos, revisó bajo la almohada, tomando en su mano huesuda el diente del pequeño, sus ojos amarillos como una serpiente brillaban de gusto, al descubrir que el diente tenía caries.
El hada se alimentaba de los niños que cambiaban sus dientes, los que cuidaban de ellos eran recompensados con algunas monedas, pero aquellos cuyos dientes se infectaban de caries le pertenecían a ella, se los llevaba consigo para alimentarse a placer con la deliciosa sangre de sus encías. Cuando se preparaba para sacar a Billy de su cama, los padres del niño irrumpieron en el cuarto sorprendiendo al monstruo que se vio descubierto en plena faena, Martha y Gabriel no sabían si soñaban o estaban despiertos, esa cosa era el espectro más feo que hubieran visto, lo cierto es que sujetaba a Billy y por nada del mundo permitirían que le hiciera daño, sin embargo no hizo falta que hicieran nada, el hada de los dientes al ver su trabajo frustrado, soltó a Billy y tal como entró se desvaneció frente a sus ojos saliendo de la habitación.

Cuando Billy despertó no tenía idea de lo ocurrido, Martha y Gabriel tampoco podían creer lo sucedido y decidieron callarse aquel horrendo acontecimiento. Gabriel colocó unas monedas para Billy manteniendo viva su ilusión, aunque por dentro preferían que olvidará para siempre al hada de los dientes.
Luego de aquella experiencia terrorífica, todos los dientes de Billy comenzaron a caerse, lo inexplicable para los médicos es que el niño se quedo sin dientes de manera permanente, tal vez porque ese monstruo fue interrumpido cuando se alimentaba, sus dientes se pudrieron quemando las enzimas de sus encías, Billy debía usar el resto de su vida una prótesis bucal, sin embargo dentro de lo malo, sus padres tuvieron un respiro, sabían que ya no volverían a preocuparse por el hada de los dientes.