domingo, 24 de abril de 2016

Entre Muertos (Parte I)


Si la muerte te mira a los ojos y su aliento putrefacto inunda el aire que respiras, la única cosa que te pasa por la mente es evitar a toda costa, terminar siendo el alimento de unas criaturas rechazadas por el cielo y el infierno, que siguen en pie devorándose a los vivos.
Nadie tiene idea de lo que pasó y honestamente es lo que menos al mundo le interesa, porque tal vez ya nunca se encuentren las respuestas a esa pregunta,  ¿Cuáles fueron las causas? Quizás sea el mayor misterio de la humanidad.  Al principio la gente se negaba a creer lo que veían, todo parecía sacado de una historieta de terror, pero hoy en día es parte de nuestra horrenda realidad.

40 días atrás, Lucas Gallagher vivía como cualquiera, del trabajo a la casa y de la oficina al hogar, todos los días la misma rutina. Ahora en su nueva vida obligada, era un sobreviviente, un gran combatiente dispuesto a lo que fuera para seguir respirando. Aquella mañana cosía las heridas de sus pies, sin anestesia disponible, lo único que quedaba es ser fuerte y resistir el dolor, anoche fue una dura noche, después de un rato intentando huir de los muertos que le perseguían, para salvarse, tuvo que abandonar el pequeño refugio donde se resguardo por 1 semana, no podía dejar de extrañar todas las noches de sueño tranquilo al lado de su novia Mónica, resultaba difícil la vida sin ella, y más con la cruel zozobra de no saber si aún vivía, a lo mejor vagaba por ahí luchando como todos, en su mente esa idea es la que siempre le impulsaba a continuar, el solo pensar que algún día la volvería a ver, era motivo suficiente para seguir adelante.
Los vidrios regados en la calle le causaron heridas a sus pies, sin embargo nada lo detuvo y logro escapar de unos cuantos muertos que merodeaban su campamento. Aunque sin agua y sin comida, ya no tendría que preocuparse solo por los muertos, sino que ahora debía sumarle la falta de alimentos.
Cuando la lluvia comenzó a caer, dentro de ese viejo edificio abandonado, las lágrimas también empezaban a correr por sus mejillas, entre los tristes recuerdos de aquel momento terrible e inesperado, donde el mundo se convirtió en una pesadilla infernal, como olvidar esos espantosos instantes, relámpagos alumbraban el cielo y varios rayos caían sin cesar uno tras otro, los gritos no se hicieron esperar, las luces de las calles se apagaron al unísono. En medio del alboroto, lo que más deseaba era comunicarse con Mónica quien esa tarde tenía guardia en el hospital, al no poder hacerlo, salió Desesperado a buscarla, pero todo estaba hecho un caos, 2 personas se acercaron a su vehículo y de forma violenta intentaban abrir la puerta para subirse a la fuerza, había algo extraño en sus ojos, lucían un tanto rojos y con una espuma blanca que salía por sus bocas, Lucas confundido y asustado acelero queriendo alejarse de allí. En su recorrido al hospital lo único que vio a cada segundo fue sangre regada por doquier y gente huyendo de otras personas iguales a los sujetos que lo atacaron a él. A su llegada al hospital descubrió solo muerte y desolación, cadáveres en el piso y más sangre esparcida en el lugar, temiendo lo peor reviso cada puerta y cada rincón, pero no hubo rastro alguno de Mónica, así que decidió salir de prisa sin perder tiempo, ya que de seguro ella se encontraría cerca de ahí, sin embargo mientras se dirigía a la puerta, unos cadáveres frente a él, se levantaban del piso ante sus incrédulos ojos y con una mirada diabólica, le observaban como animales hambrientos al asecho.
Esos muertos vivientes por más ilógico que fuese, se abalanzaron sobre él queriendo atraparlo y morderlo en el intento, pero Lucas fue valiente y audaz, pudiendo zafarse de esas cosas, a uno lo lanzó contra la pared y al otro le golpeó fuertemente en la cabeza con el teléfono de la recepción, y despavorido se marchó del hospital sin mirar atrás.
A partir de entonces nunca jamás las cosas volvieron a ser las mismas, el mundo se plago de hambre, sangre y destrucción. Entre muertos los vivos habitan intentando sobrevivir, esa es la guerra de todos los días, los gobiernos del mundo colapsaron y todo lo que una vez fue, ¡Desapareció!
Como Lucas, otras personas en distintos sitios se aferran a la vida, en una batalla campal contra muertos que caminan, quienes deberían descansar en el cementerio, decidieron que sería más divertido cazarnos, porque nuestra carne cruda sabe exquisita.
Un ruido tremendo despertó a Lucas que no consiguió mantenerse despierto como quería, alguien intentaba entrar, quitando los escombros que el colocó en la entrada, tomó la cuchilla que siempre le acompaña y se armó esperando el momento indicado para atacar, sin embargo cuando quiso sorprender a los invasores, fue Lucas quien se halló sin salida en una emboscada, 5 personas Armadas le apuntaban, haciéndolo bajar su cuchillo inservible para defenderse en tal situación. Esteban, Carrick, Selena, Chester y Deborah, eran los nombres de los extraños que irrumpieron en la nueva morada de Lucas, que para su alivio descubrió que se trataba de personas sin malas intenciones, que sólo buscaban refugiarse del aguacero.
Luego de presentarse Carrick el líder del grupo le contó a Lucas que tuvieron que sortear cientos de apuros desde que el desastre arrancó:

-       Sólo nosotros hemos logrado sobrevivir al virus zombi - Dijo Carrick - (Suspiro con un notable lamento y continuó diciendo), cuando esto inició éramos más de 20 personas, pero a medida que los días pasaron la vida se volvió más difícil, nos quedamos sin comida sin un techo donde vivir y de a poco el grupo fue sucumbiendo uno a uno.

Lucas al escuchar la triste historia entendió que no era el único que había vivido duras situaciones, él les comentó de su búsqueda implacable para dar con el paradero de su novia y que no perdía la esperanza de encontrarla con vida, su gran impedimento para ir más lejos era no contar con un vehículo en el que pudiera movilizarse, Chester le interrumpió diciendo que ellos contaban con una camioneta a unos Kilómetros de allí, siempre iban de pueblo en pueblo recogiendo lo que fuese útil y después que la lluvia culminara, continuarían con su viaje, si él estaba de acuerdo podría unirse al grupo y así tendría más oportunidades de conseguir a Mónica. La lluvia duro unas horas más, hasta que por fin se detuvo. Entonces el grupo decidió que era tiempo de partir en busca de provisiones. A Lucas le costaba un poco caminar por las heridas, pero no fue impedimento para desaprovechar tan buena propuesta, se desplazaban evitando hacer el menor ruido posible, para no alertar a los muertos que hubieran cerca, pero el olfato de esas criaturas solía ser su mejor herramienta de ataque, varios muertos se dieron cuenta de su presencia y comenzaron a invadir la zona dejándolos en un segundo rodeados, sin más remedio Carrick debió usar su arma, los disparos llamaron la atención de muchos Zombis, empezando una batalla, disparaban a diestra y siniestra con todo lo que tenían mientras Lucas usaba su cuchillo, clavándolo en la cabeza de los muertos, siguieron avanzando al tiempo que se defendían, sin embargo las balas comenzaron acabarse, su única escapatoria era atacar con lo que pudiesen, Esteban se vio arrinconado por unos 5 muertos y aunque lucho no pudo evitar que los dientes de la muerte se clavaran en sus brazos, cuello y abdomen, los Zombis lo devoraban con glotonería sin que sus amigos pudieran hacer nada. Selena aprovecho una oportunidad y corrió lejos, abandonando al resto del grupo, lo minutos siguiente pasaron al filo de la navaja para Lucas, Carrick, Chester y Deborah, quienes se hallaban a punto de perecer, entonces una camioneta roja irrumpió a toda velocidad, arrollando a varios muertos, Selena regresaba por los demás, ellos al verla se sintieron salvados, sin dudas podrían ver la luz de otro día. Selena echo andar el motor y lograron huir, aunque con la dura pena de perder a otro de los suyos, pero también sabiendo que ganaban un nuevo compañero y Lucas después de tantos días interminables de pura soledad, podría compartir con alguien, sus esperanzas estaban más vivas que nunca, el camino era largo y no tenía idea de a donde los llevaría la carretera, pero de algo si estaba seguro y es que en cualquier lugar a donde fuese, no dejaría de buscarla... 

domingo, 17 de abril de 2016

La Novia Marchita


Tenían apenas 2 años en la ciudad, por razones laborales los padres de Sabrina tuvieron que abandonar su pueblo natal y mudarse a la gran ciudad y aunque al principio a su hija le costó un poco adaptarse a esa nueva vida, afortunadamente ahora con 14 años ya tenía varios amigos y le iba de lo mejor en la escuela. Para Carl y Lulú los papas de Sabrina eso era vital, que se sintiera cómoda y tranquila. Sin embargo para ella no siempre las cosas fueron normales, cuando llegaron a la casa todo marchaba bien, era una casa grande y linda, aunque desde unas semanas atrás comenzó a percibir cosas extrañas, Sabrina ya estaba un poquito grande para creer en cuentos de niños, pero últimamente le daba miedo mirar debajo de su cama, incluso cada noche al irse a dormir le costaba un poco conciliar el sueño, porque siempre terminaba oyendo ruidos y sentía pavor al imaginar que mientras ella dormía, algún monstruo la observara.
En su pueblo se contaban muchas historias de terror, pero había una en particular que ella no podía olvidar, esa que hablaba de la novia marchita, un espectro maligno que asechaba a los niños por las noches, buscando robarse el alma de los infantes. La leyenda decía que durante su vida fue una mujer deseada por muchos hombres y odiada por las mujeres, su belleza era tanta que cualquiera la amaba a simple vista, causando la envidia de todas, aunque le llovían opciones con tipos adinerados, entre cientos de pretendientes ella prefirió escoger a un humilde muchacho, un joven herrero que no tenía muchos lujos que ofrecerle pero si un amor sincero para darle, sin embargo eso no fue impedimento para que los demás hombres siguieran detrás suyo, su novio se volvió el blanco de las miradas y más aún cuando la noticia de su boda se regó como pólvora, el día del casamiento Eleonor la hermosa novia llego primero a la iglesia, los invitados se preguntaban ¿por qué el novio aun no llegaba?, las horas siguientes todos esperaban a Mario, sin embargo en la iglesia anocheció y el novio nunca apareció, Eleonor dolida y sin saber que ocurría, recorrió el pueblo como loca, buscando una explicación, toda la noche anduvo de un lado al otro, pero nunca lo encontró, derrotada y sin fuerzas regreso a su casa en la madrugada, al entrar a su cuarto noto enseguida que unos zapatos sobresalían de la cama, se dobló para echar un vistazo y entonces sus manos se posaron sobre un charco de sangre, sintió que le arrancaban el corazón del pecho con lo que vio, debajo la cama yacía el cuerpo tendido de Mario, enfundado en su traje de saco y corbata, evidentemente sus planes nunca fueron plantarla en la iglesia, solo que un disparo en la cabeza había truncado sus ganas de contraer nupcias con la mujer más bonita del pueblo.
Eleonor perdió el sentido del juicio, enloqueció al ver a su novio muerto y toda su sangre regada en el vestido blanco, desquiciada no quería volver a mirar esa horrible imagen, busco en el baño una tijera y sin dudarlo metió la punta en cada uno de sus ojos, destrozándose ambos, el pobre Mario pago muy caro la suerte que le acompaño al obtener el amor de Eleonor, los sospechosos abundaban y cualquiera pudo haberlo hecho, ella lo sabía perfectamente, le robaron lo que más amaba en el mundo, en medio de su dolor ella abrió su ventana y gritando maldijo con todas sus fuerzas a la gente del pueblo, juro que en esta o la otra vida cobraría su venganza, robándole a cada uno lo que ellos más amaban, diciendo eso apunto la tijera a su corazón, apuñalándose varias veces hasta morir.

Son las 2 de la mañana y temerosa en su cama la joven Sabrina recuerda esa historia, la leyenda asegura que cada año durante el mes aniversario de su trágico desenlace, la novia marchita regresa por nuevas víctimas y tristemente, son los descendientes de las personas que habitaban en aquella época el pueblo, los desafortunados quienes acaban pagando los errores de sus antepasados.
Hace varias noches que Sabrina oye ruidos debajo de la cama, golpes que suenan en el piso y como uñas raspando la madera, aunque siente mucho miedo está decidida a ver que hay allí, armada con una lámpara asomo la cabeza, quedando con su cuerpo apoyado sobre la cama, valientemente ella alumbra en lo oscuro, a primera vista no había porque preocuparse, por lo que continuo alumbrando, desplazándose por todos los rincones de la cama, pero justo en el centro, se vio sorprendida por una silueta enrollada, asustada dio un pequeño brinco y apago la lámpara, pensando que quizás solo fue su imaginación, así que respiro hondo y volvió a alumbrar, iluminando las penumbras, sin embargo esta vez pudo ver una mujer horrible y sin ojos quien se podía decir que la miraba, Sabrina dio un tremendo grito al darse cuenta que la mujer se estiro intentando sujetarla, salto de la cama cayendo al suelo y formando un alboroto, sus padres alarmados acudieron de prisa a ver que sucedía, Sabrina les contó cada detalle y Carl para calmar a su hija reviso toda la habitación delante suyo, mostrándole a Sabrina que no había nada porque temer, pues tal vez solo se trataba de una pesadilla y abajo solo estaba un viejo camisón para dormir, esa madrugada Sabrina se fue a dormir con sus papas para pasar el trago amargo.
Las siguientes 3 noches ella hizo lo mismo, hasta que Lulú la convenció que todo estaría bien y que ya podía dormir otra vez en su habitación. Por la noche inquieta Sabrina miraba a todas partes sabiendo que esa mujer se encontraba debajo de su cama, cuando casi se dormía, el chasquido de unas uñas rasgando la madera empezó a oírse, un leve lamento provenía de ahí, Sabrina cerro sus ojos, apretándolos fuertemente al tiempo que se encomendaba a Dios, pero los quejidos de dolor se escucharon aún más duro y sintió una respiración caliente y agitada, sin embargo al abrir los ojos para ver de qué se trataba, por fortuna no hubo nada, o eso creyó en ese instante, aunque de inmediato volvieron a repetirse los mismos lamentos como si resonaran a un lado de su oído, cuando voltio a la izquierda de su cama se hayo de frente con ese espectro espantoso, acostada junto a ella, fue tan grande el miedo que sintió Sabrina en ese momento, que aunque quiso gritar su vos no respondió, tan solo podía mirarla petrificada. Por ojos esa cosa tenía dos enormes huecos de los que aun sin embargo salían lágrimas negras que chorreaban su cara pálida y demacrada, en el corazón tenía una herida de la que no paraba de brotar mucha sangre espesa y coagulada, manchando la ropa que llevaba, un vestido que alguna vez fue blanco, Sabrina se dio cuenta con más terror que nunca que quien la visitaba era la novia marchita, el fantasma se giró y de un salto quedo de espaldas sobre Sabrina, con la cabeza invertida, dándole vueltas como una lechuza, la tomo en sus brazos y ambas cayeron al piso, Sabrina intento gritar mientras el espectro la halaba poco a poco, pero para cuando sus gritos por fin salieron, ya fue demasiado tarde, la novia marchita también le acompaño con otro grito desgarrador, cargado de ira y sufrimiento acumulado, y entonces de un solo tirón, termino arrastrándola debajo de la cama.

Nuevamente los padres de Sabrina irrumpieron en el cuarto, aunque grande fue su sorpresa al notar que la habitación se encontraba vacía, desesperados revisaron en el baño y registraron toda la casa, sin embargo no hubo rastro de Sabrina por ningún lado. Cuando no les quedo nada mas donde buscar, ambos regresaron a la habitación de su hija, a Carl se le ocurrió mirar debajo de la cama, pero tan solo encontró una vieja fotografía, perplejo cayo de rodillas al piso cuando reconoció a alguien familiar, esa foto era de Eleonor Treviño, la pobre mujer que 18 años atrás se quitó la vida al descubrir el mismo día de la boda, a su novio muerto debajo de su cama. Los supersticiosos del pueblo decían que su fantasma vagaba buscando venganza, que siempre se llevaba consigo a los que más amabas, Carl con tan solo 22 años se enamoró perdidamente de Eleonor y cuando esta lo rechazo para casarse con el idiota de Mario el herrero, él no pudo aceptar un no por respuesta, acompañado de unos amigos secuestraron al novio y le quitaron la vida de un disparo en la cabeza, dejando su cuerpo en la misma habitación de Eleonor, Carl le robo a ella lo que más amaba y ahora luego casi dos décadas después, el fantasma de la novia marchita, cobro su venganza.
                                                            
Si ya conociste esta historia, pase lo que pase, ¡NUNCA MIRES DEBAJO DE TU CAMA!...

domingo, 10 de abril de 2016

El Puente de los Condenados


Corría la primavera de 1834, las calles en la ciudad estaban plagadas de violencia y gente que buscaba hacer justicia por sus propias manos, yo no era precisamente el tipo bueno de la historia, siempre terminaba metido en grandes líos, era extraño cuando las rejas no encerraban mi libertad, pero como toda persona en este mundo tenía un punto débil, mi talón de Aquiles se llamaba Kelly Elizabeth Jenkins, mi bella y amada esposa, la mujer por quien daría la vida sin dudarlo.
Habían varios hombres que me seguían fielmente a donde quiera que iba, como buen pistolero gane mi reputación causando ciertos estragos en algunos pueblos que visitaba, todos hablaban de Benjamín Thomas el gran oso gris, así me decían, realmente daba gusto apreciar el miedo que mi nombre impartía, era muy respetado a lo largo y ancho del estado, sin embargo a el alguacil James Morrison, nada de eso parecía importarle, un hombre rudo y letal, el más temido brazo de la ley, llevaba unos cuantos años siguiendo mi rastro, su único objetivo era lograr mi captura. Quien diría que aquella primavera por fin lo lograría, mis hombres y yo planeamos por varios días ese robo al banco del condado y todo marchaba de maravillas, hasta que fuimos emboscados por un centenar de soldados que nos atacaron a las orillas del rio donde los caballos descansaban después de perpetrar el asalto, mis valientes compañeros se defendieron como pudieron, pero ellos nos superaban en número y armas, nos refugiamos en unas trincheras usadas por el ejército en la guerra, con mi rifle Winchester intente hacerles frente pero no fue suficiente, cuando quise recargar municiones me vi rodeado por unos diez militares que me apuntaban, tan solo esperando un simple movimiento para descargar a placer sus balas en mi cuerpo.
Lo siguiente que paso, es fácil de adivinar, James Morrison al fin tenia lo que deseaba, ¡A Mí! Me trasladaron a la comisaria donde iba a ser juzgado y me dictaron sentencia, para nadie fue una sorpresa que me condenaran a la horca, lo único que me dolía es que no volvería a ver a mi Kelly Elizabeth, sus ojos café y su tierna sonrisa me alejaban las tristezas, llenándome de amor, aunque sería lo mejor, ella se encuentra a más de 70 km de distancia de donde mañana moriré, hoy en mi última noche mirare la luna que se asoma en la ventana, imaginando que se trata de su rostro y así tranquilo esperare mi cita con la muerte.
Esa mañana me llevaron al sitio pautado, el puente de los condenados, un lugar donde los hombres malos como yo terminaban pagando sus deudas con la sociedad, amarrados de la cabecera del puente eran colgados hasta morir, mientras lo último que veían era el cauce de las aguas del río fluir bajo sus pies, una gruesa soga aguardaba mi llegada deseosa de mi cuello, cuando la sujetaron alrededor de mi cabeza el padre Elías, el sacerdote del pueblo me dio su bendición, al tiempo que el alguacil Morrison me recordó todos los delitos por los que iba a ser castigado. En ese momento supe que alcance mi final, me arrojaron al vacío y la cuerda comenzó hacer su trabajo, yo tiraba de la soga pataleando sin descanso, sin embargo quizás la suerte estaba de mi lado, no sé cómo sucedió, pero la cuerda se rompió y yo caí al río, la creciente me arrastro de inmediato sin que James Morrison pudiera evitarlo.
Desorientado termine en el bosque, iniciando una épica cruzada que me llevaría a toda costa a los brazos de mi esposa, pero tal vez enloquecí, porque a partir de entonces aunque me encontraba completamente solo, sentía que no era así. Una risa burlona y espeluznante se regaba por el bosque como atormentándome, entre más corrí más cerca pude oírla, las hojas de los arboles me rodeaban creando remolinos a mi paso que me impedían avanzar de prisa, no entiendo si los animales salvajes querían comerme o solo jugar conmigo, varias veces note una pantera que merodeaba por ahí simplemente observándome, si fuese querido habría sido su alimento pero decidió alejarse.
 Los buitres volaban sobre mí haciendo fiesta, quizás anunciaban que pronto aquel hombre iba a desplomarse y se convertiría en su cena, la maldita risa seguía sin parar no comprendo de donde venía, estaba en todas partes, debía hacer algo para que se detuviera o iba a volverme loco, por eso tome una estaca que encontré en un árbol y la incrusté con fuerza en ambos oídos, reventándome los tímpanos, el dolor que sentí fue brutal, pero al menos ya no volvería escuchar esa  estúpida risa, cuando el ocaso de la tarde empezó a caer los cuervos tomaron el relevo de unos buitres que ya no me asechaban, supongo que hallaron otra fuente de comida y me dejaron para después, los cuervos empezaron a cantar, ¡pero diablos!, acaso ¿estoy desquiciado?, sé  que cantaban, sin embargo no lo hacían como los pájaros normales, más bien su canto parecía una marcha fúnebre y de seguro yo era el homenajeado, lo que no me explicaba es como podía oírlos si había destrozado mis oídos apenas hace un rato.
Al anochecer, debí parar y dormir un poco, pero ni la noche me detuvo, continúe avanzando sin detenerme un segundo, podía ver entre los arboles muchos ojos que me miraban de todos lados, aullidos de lobos y ruidos que no sabía que los provocaba, sin embargo yo seguí retando los límites de la resistencia, la alborada de un nuevo día me lleno de energías, al cruzar la montaña mi amada estaría esperando por mí. Aunque no era una mañana calurosa, no comprendí el frio helado que me inundo los huesos, podía notar mi respiración fría y entrecortada, mi sangre caliente fue quedando a una temperatura bajo cero. ¿Estaba alucinando?, ¿de dónde salieron esas niñas?, danzaban en el bosque en medio de la nada, mas congelado quede cuando me miraron, de sus ojos brotaban chorros de sangre pero aun así ellas reían como si todo fuese perfecto, justo en ese instante una águila gigante aleteo hacia mí queriendo atraparme en sus garras, aunque yo me defendí lanzando golpes al aire y entonces desapareció junto con las niñas y ese frío descomunal que rodeaba todo, fue momento de echar el resto que me quedaba y correr a casa.

Ni el frío, el bosque o las cosas fantasmales que vi me harían darme por vencido, cuando baje la montaña, solo el pantano me separaba de mi amada, nadando allí unas manos deformes salían del fondo y me halaban sumergiéndome en las aguas espesas del pantano, con quejidos terribles que provenían de su interior, unos lamentos de dolor que harían gritar a cualquiera, pero no a Benjamín Thomas, luche hasta zafarme de los espectros que me agarraban, al salir podía ver a lo lejos, el techado de nuestra granja, corrí y corrí con más ímpetu que nunca, yo gritaba su nombre y la llamaba mientras avanzaba hacia ella, entonces la vi, Kelly Elizabeth mi esposa salía a mi llamado, su rubia cabellera se mecía entre el viento, corrió con los brazos abiertos a mi encuentro, sin embargo mis pasos empezaron a volverse pesados y nuevamente ese frío recorrió mi piel inmovilizando mi cuerpo, un gran dolor apareció en mi cuello, tan fuerte que me dejaba de a poco sin respiro, estire mis manos para alcanzarla pero ella se desvaneció y esa risa desgraciada volvió aparecer, abrí mis ojos y todo estuvo como al principio, el alguacil Morrison reía a carcajadas celebrando su victoria, al ritmo de una marcha fúnebre que sonaba en mi honor, todos sus ojos puestos en mí, observaban como mi muerte se acercaba, la gruesa soga apretó por completo mi cuello, una lagrima corrió por mi mejilla cuando recordé por última vez la belleza de Kelly Elizabeth Jenkins, donde quiera que esté siempre la amare, entonces me falto la respiración, mi corazón paro de latir y morí.
Benjamín Thomas, se convirtió en otra víctima del puente de los condenados.

lunes, 4 de abril de 2016

Bienvenidos a WoodVille


Donde sea que hubiese una gran noticia allá iría, sin importar el tiempo que le tomara en su vida, nunca se rendía hasta llegar al fondo de los hechos, Juliana Elton fue desde sus inicios una periodista audaz, intrépida y con ganas de encontrar siempre la verdad, a costa del precio que fuera. Los enigmas y sucesos misteriosos eran el tipo de noticia que le gustaba reseñar, cada día pasaba horas frente al monitor recabando toda la información posible de hechos sin explicaciones que ocurrían alrededor del mundo, hasta que una noche cuando navegaba por la web en busca de algo que fuese interesante, recibió un correo electrónico que decía:

-       “Estimada señorita J. Elton, me dirijo a usted en calidad de informante, con el fin de hacer de su conocimiento, los acontecimientos inexplicables que en nuestro bello y tranquilo pueblo de Woodville han estado sucediendo los últimos días, desapariciones de personas honestas y trabajadoras, que simplemente se esfuman por la noche, gente que afirma haber visto figuras que aparecen y se desvanecen sin dejar rastro, luces en el cielo y terribles gritos en medio del bosque. Conozco muy bien su labor y sé que se dedica a investigar cosas extrañas que otras personas prefieren ignorar. Ojala a usted este pueblo le pueda interesar. Stephen Rivera”

Aquello debía ser una luz al final del túnel, lo que Juliana por mucho tiempo había estado buscando para escalar de nivel y no seguir siendo la simple reportera del canal regional, si lograba resolver ese misterio, podría repuntar su nombre a la cima y conseguir contrato en algún medio nacional. Luego de llamar a Cesar su camarógrafo, alisto el equipaje y ambos emprendieron viaje a Woodville. A su llegada allí, lo primero que detallaron es que era un pueblo de pocas personas y sus habitantes no parecían ser los típicos pueblerinos alegres y cordiales, sino que al contrario daban la impresión de que eran gente callada y poco amigable, a las que no les agradaban las visitas de forasteros.
Ese día también conocieron a Stephen Rivera, el responsable de que vinieran a Woodville, era un señor entrado en años, aunque sus canas y arrugas solo le daban un buen aspecto de hombre culto, amable y conversador, con muchas experiencias vividas, totalmente distinto a las demás personas del Woodville, el mismo se encargó de darles un breve recorrido por el pueblo y ya que ese día no habría nada más por hacer, como buen anfitrión se ofreció a hospedarlos  en el hotel del pueblo, una vieja casona de su propiedad.
Juliana y Cesar tenían el fin de semana para investigar lo que pudieran, ese sábado en la mañana, su segundo día en Woodville, salieron a caminar y escucharon sobre Sarah Mitchell, quien era noticia en el pueblo, una de las maestras que ahora se sumaba a la lista de desaparecidos. Llevaba poco residenciada ahí, al igual que los otros extraviados. Eso fue sin dudas, lo que llamo la atención de Juliana, 7 personas nunca regresaron a casa en las últimas semanas y cada uno de ellos tenía en común, la peculiar coincidencia de que todos eran habitantes recientes de Woodville.
Cuando intentaron recoger opiniones de las personas, se negaron a declarar, es como si a nadie le importaba quienes se hallaban perdidos, o algo que les atemorizaba les impedía hablar. El sábado por la noche, Juliana no quiso parar, convencida de que obtendría las respuestas que anhelaba, se quedaron en su camioneta monitoreando los alrededores del bosque, para la madrugada tanto Cesar como ella habían cedido ante el sueño, sin embargo pronto se vieron despertados por una destellante luz sobre ellos, que les alumbro por unos segundos, pero casi de forma fugaz desapareció entre los árboles. Aunque Juliana no estaba dispuesta a perder aquella señal que de seguro le aportaría grandes pistas a su investigación, le ordeno a Cesar que entrara de prisa al bosque por ese camino de tierra que vieron temprano, sin embargo nada les salió como planeaban, mientras se desplazaban por ahí una figura alargada se les atravesó adelante, haciendo que Cesar frenara de golpe, solo para darse cuenta que en ese sitio no había nada, a excepción de los árboles, pero en ese preciso instante una luz comenzó a brillar, tan radiante que les robo la visión, lo único que se escuchó a lo lejos, fue los espantosos gritos de Juliana.
Todo en esa habitación lucia borroso, varias voces que no alcanzaba a entender, ¿por qué tocaban su cuerpo?, ¿qué querían de ella?, Juliana no entendía, si estaba en el hospital, tal vez es porque tuvo un accidente, sin embargo parecía que los médicos la examinaban de una manera exhaustiva, las agujas no paraban de entrar en su piel una tras otra y seguía sin comprender las palabras que iban y venían entre los doctores, al mirar a su costado pudo ver a Cesar quien estaba en otra camilla, ¡Que absurdo!. Ambos en la misma sala de hospital, pero al parecer Cesar se encontraba dormido, Juliana quiso gritar, preguntarles que pasaba, que alguien le explicara, pero no podía, su cuerpo inmóvil no respondía, en medio de su agonía empezó a recobrar la visión, aunque entonces prefirió haber seguido viendo a medias, el corazón palpitaba asustado y la respiración le faltaba, quienes la acompañaban en el cuarto, eran todo menos doctores, sujetos de cuerpo alargado la miraban con detenimiento, con las manos palpaban el cuerpo de Juliana como explorando un juguete nuevo, su apariencia era similar a la silueta que Cesar y ella observaron en el bosque antes de despertar en esa habitación. Juliana muerta de miedo veía como la nariz prominente de aquel individuo la olía como olfateando su aroma al tiempo que se relamía los labios, con una lengua puntiaguda y asquerosa que sobresalía de su boca, Juliana volteo de nuevo a ver a Cesar, encontrándose con que no dormía, como pensó hace un rato, ella quedo petrificada al observar cómo Cesar era desmembrado parte por parte, sus entrañas descansaban en una bandeja y con la cabeza abierta su cerebro fue retirado con cuidado.
Juliana se sentía en la peor pesadilla y quería despertar cuanto antes, sin embargo descubrió que todo eso era una horrible realidad y si algo se lo demostró fue el inmenso dolor de las heridas que le causaban esos individuos con esas largas y prominentes uñas que parecían agujas, su mirada perdida se cruzó con los ojos amarillos de uno de esos seres que la miraba como analizando minuciosamente su sufrimiento, Juliana veía un rasgo familiar en su forma de mirarle, las cortadas letales que le hacían a su cuerpo la iban dejando inconsciente de a poco, pero antes que sus ojos se cerraran pudo presenciar como esos seres que la torturaban y le arrebatan su vida, tomaron forma humana.
                         
-       ¡Qué ironía!, -Pensó Juliana-, ya todo tiene sentido, con razón sus ojos le parecían tan familiar, Stephen Rivera, nunca quiso que averiguaran nada, ellos solo fueron la carnada de esos camaleones de otro mundo.


La primera plana de los periódicos, tenía como imagen a Juliana Elton y su camarógrafo Cesar Ulloa, Juliana por fin alcanzo la mención que deseaba, se convirtió en noticia a nivel nacional, aunque todo por su desaparición, algunos medios señalan que fueron abducidos por extraterrestres, la policía maneja otra hipótesis, según los oficiales, la periodista mantenía un tórrido romance con su camarógrafo y ambos huyeron lejos. Solo él, con una sonrisa en su cara mientras toma café y ojea el matutino sabe la verdad, Stephen Rivera un devorador de mundos capaz de cambiar de forma a su conveniencia, una criatura antigua que se alimenta de la gente, Woodville es su guarida y la de toda su raza, Juliana Elton fue la estrategia perfecta para poner en el mapa a ese pequeño pueblo, los camaleones ya no se tienen que conformar con alimentarse de los residentes foráneos que llevan poco en el pueblo, ahora pueden abrir sus brazos para recibir a muchos visitantes y decirles, bienvenidos a Woodville.

martes, 29 de marzo de 2016

La Última Foto de Zacarías


Su cámara no paraba de capturar imágenes, tomando fotos aquí y allá, entre el cielo azul y el ancho mar, aquel paisaje que le rodeaba lucia verdaderamente hermoso. 3 días pasaron desde que zarpo las aguas en busca de paisajes sin iguales, para que perduraran por siempre en una simple foto, llenando la vista de sus admiradores. La nueva colección de fotografías reuniría lo mejor de la naturaleza en el mundo. Zacarías Scott, un fotógrafo apasionado por el trabajo y casado con la lente de su cámara, llevaba a cabo su labor completamente solo, en las montañas, islas desiertas y lugares remotos, siempre vivía en contacto directo con la naturaleza.
Esta vez Zacarías se dirigía a una isla cerca del pacifico, donde podría fotografiar, el espectacular ambiente paradisíaco y un sinfín de animales de distintas razas y especies que habitaban allí. Con las provisiones pertinentes y el equipo necesario para poder trabajar sin problemas, después de navegar unos días consiguió recalar en la isla que sería escenario para la sesión fotográfica. Sus ojos quedaban maravillados con tanta belleza natural, el tiempo que pasaría en la isla sí que valdría la pena, luego de un breve recorrido por los alrededores del lugar y unas cuantas fotos, decidió empezar de lleno su trabajo y adentrarse en la isla.
Tucanes, ñandús, aves de todo tipo y colores, monos capuchinos, koalas y perezas, eran parte de la fauna que observaba en medio de la caminata. Se detuvo a tomar un par de fotografías, estaba tan concentrado en que quedaran perfectas, que se olvidaba de todo lo demás, entonces noto una sombra peculiar que se mecía sobre los árboles, pero cuando miro arriba no había nada ya, debían ser los monos que paseaban de una rama a otra, eso pensó y continuo en lo suyo, sin embargo al cabo de un rato, una sombra quizás más grande que la anterior volvía a interrumpirle, pasando muy rápido detrás suyo, lo que fuera iba a toda velocidad, aunque lo único que a él le preocupaba es que se hiciera de noche y no poder seguir recopilando el espectáculo de flora y vida salvaje del que ahora disfrutaba, por ello se apresuró para seguir recorriendo y fotografiando todo sin fijarse en aquello.
Cuando llego la noche, fue momento de encontrar un buen sitio donde montar su carpa y por fin descansar, el trajín del día lo hizo dormirse enseguida, pero su sueño tranquilo fue desplazado a mitad de la noche, por ruidos extraños de varios animales, encendió una lámpara para alumbrar y echar un vistazo, aunque no alcanzo a ver nada entre la maleza, sin embargo al apagar la luz los mismos ruidos se repitieron pero en esta ocasión parecían más cerca que antes. Zacarías estaba más que acostumbrado a los lugares solitarios y a las noches sombrías, era un hombre que no temía a nada porque en nada creía, para él lo único real en el mundo es lo que podía apreciar, lo demás eran cuentos de caminos y muchas falsas historias de cosas sobrenaturales, por lo que esos ruidos no lo desvelarían.
Al día siguiente despertó con ganas y afán de ir un poco más allá, camino tramo abajo por un riachuelo de aguas cristalinas que lo condujo a una cueva repleta de insectos y murciélagos que a su llegada formaron un tremendo aleteo y volaron lejos de ahí. En las paredes de la cueva habían montones de jeroglíficos y figuras abstractas que cualquiera diría que fueron hechas con sangre, su pequeña suposición tal vez no era muy errónea, casi se le salen los ojos de la impresión con el deshuesadero que tenía frente a él, cráneos y restos humanos yacían en el fondo de la cueva. Casi por instinto salió huyendo de la cueva y corrió sin detenerse hasta sentir que se quedaba sin fuerzas. De repente se dio cuenta que se alejó más de lo debido y quiso regresar, pero el sol parecía ocultarse, aunque seguía siendo de día, fue allí que pudo fijarse en las sombras que iban y venían en lo alto de los árboles, es como si giraran en torno a él, por primera vez Zacarías se sintió un tanto desesperado, comenzó a mirar algo desorientado, viendo como las plantas y todo alrededor le daba vueltas, tenía la sensación que lo observaban de todas partes y en medio de su descontrol acciono sin querer la cámara, tomándose el mismo una foto, aquella destellante luz del flash pareció sacarle del trance, porque logró reaccionar y mantener la compostura, entonces pudo apelar a su temple de acero y correr hacia el lado norte de la isla, sin embargo por más que avanzaba, las sombras tenebrosas le seguían la pista, no había manera de que lo abandonaran, pero Zacarías no se detuvo hasta desmoronarse producto del gran esfuerzo físico en su fallido intento de huida, la cámara cayó a un lado mientras su cuerpo inconsciente quedo tirado en el suelo.
Zacarías despertó fatigado y sintiendo dolores terribles en su pierna derecha y parte del abdomen, cuando abrió los ojos se halló dentro de la cueva en la que estuvo antes, una fogata se encontraba encendida y unas criaturas danzaban en círculos, que cosas más feas bailaban frente a él, de dientes dañados, la piel era oscura, quizás por barro o pintura, todos tenían un solo ojo y una cabeza  puntiaguda, con orejas grandes y cuerpos flacos, en las manos cada uno contaba con una garra afilada encima de la muñeca, al estilo de los dinosaurios carnívoros, Zacarías termino llorando preso del pánico más grande que pudiera imaginar, tantas veces se decía así mismo lo valiente que era, pero por dentro solo se trataba de un cobarde presumido y muy tarde vino a descubrirlo, la sorpresa más grande de su vida, fue ver que en la fogata una pierna humana daba vueltas sobre el fuego,  por fin comprendió que compartiría el desenlace cruel de esa gente, cuyos huesos descansaban en la cueva, su pierna derecha fue amputada y la carne del abdomen rebanada como un filete de carne cualquiera, a eso debía el agónico dolor, en ese instante recordó con impotencia que si tan solo fuese aceptado que otras personas lo acompañaran en su expedición no terminaría como alimento de esas cosas grotescas que habitan la isla. Una de las criaturas se acercó hasta él, alzo la mano y apunto su garra a la cabeza de Zacarías como si de una lanza se tratara, las lágrimas corrían por su mejilla y cerró sus ojos sabiendo el destino que se avecinaba.

El día pautado el yate encargado de recogerlo desembarco en la isla, pero no hubo rastro de Zacarías, empezando una búsqueda que perduró día y noche por más de una semana, pero el resultado fue el mismo, lo único que pudieron localizar fue la cámara que siempre lo acompañaba, era como si la isla se lo hubiese tragado, durante su estancia allí, nadie llegó a notar que siempre fueron vigilados desde arriba de los árboles.
Hoy a miles de kilómetros de la isla y casi un año después de su inexplicable desaparición, en la galería de arte los seguidores de Zacarías miran con melancolía las últimas fotografías que fueron tomadas por su cámara, la que más llama la atención de todas, es una auto foto de Zacarías Scott que muestra unas irregulares sombras junto a él, como si alguien o algo se movía rápidamente al momento de tomarla, creando una especie de figuras oscuras en la imagen, para los expertos simplemente es un efecto causado por los rayos solares que se colaban entre los árboles, ojala el fotógrafo pueda volver algún día y contar su propia versión de los hechos, es el deseo compartido de los más fieles admiradores, que aún siguen buscando respuestas en la última foto de Zacarías.

jueves, 24 de marzo de 2016

Las Zapatillas de Amy


Añoraba más que nada en el mundo unas nuevas zapatillas de ballet, cuantas ganas tenía de comprarse otro par, las suyas ya lucían viejas y un tanto desgastadas, pero las prestaciones económicas de su familia se lo impedían y Amy sabía perfectamente que si de verdad las quería, solo ella con su esfuerzo podría obtenerlas, por eso cada tarde al salir de la escuela iba a la tienda de su maestra Nohelia, quien se ofreció a darle algo de dinero, a cambio Amy se encargaría de mantener limpio y ordenado los estantes de su pequeño negocio de antigüedades. Desde niña amo el ballet, en el baile se sentía como pez en el agua, poder bailar para Amy, era motivo de alegría, cada vez que bailaba lograba expresar miles de sentimientos en un simple movimiento, aunque sus padres no contaban con grandes recursos, se las ingeniaron para que Amy estudiara ballet, cada sábado asistía a sus clases, destacando del resto gracias al talento inigualable que poseía, todos decían que verla bailar era casi como presenciar la dulce danza de un ángel. El mayor sueño de Amy siempre había sido protagonizar algún día, el lago de los cisnes, quizás su camino seria largo y difícil, aunque no se daría por vencida hasta alcanzar su meta, contar con unas buenas zapatillas le garantizaban un mejor desenvolvimiento en el escenario, por eso trabajaría duro para recolectar el dinero indicado, que le permitiera comprar esas zapatillas anheladas.
Llevaba dos semanas en la tienda de su querida maestra, ciertamente no era un lugar que recibiera muchas visitas al día, pero Amy se sentía muy animada de saber que allí podría sumar un dinero extra que le sería de gran ayuda, un jueves por la tarde, Nohelia debió salir hacer unas cosas en la calle y Amy quedo a cargo de la tienda, todo marchaba normal, como siempre nadie iba por ahí, sin embargo aquel día fue la excepción, un señor de grandes bigotes tocaba a la puerta, traía una entrega para Nohelia, debía ser el paquete que le menciono el lunes pasado, donde recibiría algunas antigüedades, que por fin llegaba. El hombre acomodo la caja en el sitio que la chica le indico y luego se marchó, Amy en su deber de empleada y también por cierta curiosidad se apresuró abrir el empaque, lo que fuera lo colocaría en uno de los estantes vacíos y así cuando Nohelia regresara le agradaría ver todo organizado, al principio solo vio reliquias sin importancia, varios espejos, candelabros y una vieja lámpara de mesa, sin embargo lo que encontró en el fondo de la caja fue lo que la dejo embelesada, se trataba de unas hermosas zapatillas de ballet rosadas, se veían como nuevas, aunque claramente debían ser muy antiguas.
Tratándose de otra cosa lo primero que Amy fuese hecho, es acomodarlas junto a las demás antigüedades, pero no con unas zapatillas tan perfectas, como iba a dejarlas puestas en un rincón donde nadie las mirara, cuando podía bailar con ellas y mostrarle su encanto al mundo. Había algo más en esas zapatillas que Amy no percibía, era como una fuerza de atracción que la hipnotizaba, aunque estaba mal lo que haría, busco la lista que detallaba lo que el paquete contenía y borro todo rastro de las zapatillas, si alguien merecía ser su dueña era ella, cuando Nohelia volvió se mostró muy satisfecha con el trabajo de Amy al observar todo muy bien ordenado y ni siquiera tuvo la mínima idea de que algo faltaba. Esa noche la gigante emoción de Amy no la dejaba dormir, ansiaba que llegara el sábado para utilizar por primera vez sus nuevas zapatillas.
Justo cuando estaba por bailar ese sábado en la escuela, sus ojos casi se inundan de lágrimas al apreciar un detalle que no vio antes, quedo tan enamorada de aquellas zapatillas que ni noto que eran de un número mayor, ella se negaba a creer que no pudiera usarlas, así que decidió ponérselas aun cuando eran una talla más grande, sin embargo para sorpresa suya y como por arte de magia, las zapatillas se adaptaron al tamaño de su pie, es como si tuvieran vida propia, pero tanto era su deseo de bailar con ellas que ignoro por completo ese increíble suceso que a cualquiera asustaría.
Amy siempre fue excelente bailarina, aunque ahora parecía haber alcanzado la perfección, Diana su profesora de ballet miraba todo con orgullo, cada paso en el escenario, su ritmo de baile y esa estupenda capacidad para aprender casi de inmediato cualquier coreografía, con solo 17 años Amy se había convertido en una bailarina profesional y sus actuaciones así lo demostraban.
El tiempo fue pasando y el éxito llego a su vida, presentaciones por doquier aquí y allá, los aplausos y la admiración de la gente se hicieron costumbre,  pero lo que nadie apreciaba era el cambio radical que Amy empezaba a tener, la bondad de sus ojos comenzó a cambiar por una mirada fría y algo perdida, poco a poco Amy se volvía una bailarina compulsiva, a todas horas y sin importar el lugar su zapatillas no la abandonaban, muchas veces cuando se miró al espejo sintió que su reflejo se movía por sí solo, una extraña sensación de inquietud la fue invadiendo, sin embargo ella opto por callarse todo lo que ocurría y vivir en secreto su agonía, aunque se encontrara sola podría jurar que alguien más la acompañaba, algunas noches despertaba con la inmensa necesidad de colocarse las zapatillas a plena madrugada, su voluntad cedía más y más ante el llamado de esas cosas que le robaban la alegría de su corazón, su vida alcanzo el estrellato y la fama pero con ello también conoció el calvario a flor de piel.
Su sueño finalmente se cumplía, la oportunidad de protagonizar el lago de los Cisnes llego y nada podría empañarle eso, los días previos al evento, Amy mostró haber rebasado el límite de la cordura,  no comió y tampoco dormía, tan solo se dedicó a bailar sin parar, muchos intentaron que entrara en razón pero nada logro hacer que dejara de ensayar una y otra vez. Sábado por la noche, el día esperado por todos, sus familiares y más cercanos amigos asistieron a presenciar el estreno de su ballet. Durante el desarrollo del espectáculo las cosas no podían ir mejor, los asistentes quedaban atrapados ante la magistral presentación de Amy, era una diosa sobre el escenario, ella bailaba entregada a su público, pero más que eso había otra cosa que la impulsaba a bailar, esas zapatillas tenían el control no solo de sus pies sino que también se apoderaron de sus pensamientos, el show casi terminaba sin embargo nada lograba satisfacer el deseo de Amy quien continuo bailando aun cuando debió detenerse, el público contemplaba aquello como si fuese parte del espectáculo, pero para Amy se trataba de algo más, tanto bailo en las últimas semanas que sus piernas eran quienes recibieron la peor parte, cuando su equipo de baile noto que Amy se hallaba fuera de control quisieron detenerla, sin embargo nadie pudo conseguirlo, una fuerza más allá de todos la hacía seguir, bailo y bailo por horas hasta que sus pies comenzaron a sangrar, la gente estaba preocupada, su madre le gritaba que se detuviera, pero sus ojos parecían fuera de órbita, no había poder sobre la tierra que la pudiese contener, Amy solo escuchaba a sus zapatillas que la incitaban a bailar, giro y dio movimientos acompasados hasta que el ritmo de su corazón se detuvo, en aquel escenario Amy cayó al piso muerta ante la mirada perpleja de miles de personas.

El alboroto y los gritos de desespero inundaron el teatro, Nohelia quien fue a ver el acto de su adorada ex alumna y empleada, no daba crédito a lo que veía, en ese instante observo por primera vez las zapatillas que Amy usaba con detenimiento, entre lágrimas reconoció algo familiar en ellas, esas zapatillas eran idénticas a las que durante años fueron motivo de temor en tierras balcánicas, los croatas, polacos y serbios, las llamaban las zapatillas del demonio, aseguraban que su portadora terminaba consumida por el espíritu que las habitaba, pero era una locura por varios meses ella espero que las trajeran a su tienda de antigüedades y nunca llegaron, ¡a menos que!…
Nohelia sintió una culpa terrible sino fuese sido por ella esas cosas nunca habrían caído en las manos de Amy, sin embargo ya era demasiado tarde para lamentos, lo único que podía hacer es recogerlas y guardarlas donde nadie jamás las volviera a ver, cuando los paramédicos se llevaron el cuerpo de Amy las Zapatillas quedaron tiradas en el suelo, Nohelia aprovecho para intentar recogerlas en medio de la multitud, pero en un mínimo descuido desaparecieron sin dejar rastro, Nohelia suspiro derrotada, sabía que la historia se repetiría de nuevo, tan solo encomendó a Dios el alma de la pobre mujer que tuviera en sus manos, las zapatillas del demonio.

sábado, 19 de marzo de 2016

Atrapado en mi Cuerpo


Desperté esa madrugada sintiendo que el aire me faltaba, es como si mis pulmones no me proveían oxígeno, todo me daba vueltas y hasta podría jurar que había algo sujetando mis pies, no sé si fue real o una pesadilla, lo único cierto es que desde aquella noche mi razón juega a engañarme, los malévolos sueño se repiten todas las noches y esa terrible sensación en mi pecho con la que despierto, sintiendo que me falta la respiración y la duda maliciosa que me deja esa pregunta, si realmente lo soñé o aquello de veras sucedía, que diablos pasa, ya ni dormir tranquilo puedo, lograr conciliar el sueño se convirtió en mi más grande travesía.
Me llamo Richard aunque todos suelen decirme Ritchie, jamás he sido el chico popular ni el galán de la escuela, pero ciertamente no puedo quejarme, tengo a mi lado a una bella mujer, mi amada Valentina, daría lo que fuera por ella, siempre dispuesta a quererme en las buenas y las malas, es mi apoyo, mi mejor amiga y también mi aliada. Como olvidar la primera vez que la vi sentada en el parque y yo pasaba por ahí, de idiota camine mientras contemplaba su hermosura y no deje de hacerlo hasta chocar con un poste, tal vez no era mi día, sin embargo se transformó en mi mejor accidente, mientras todos los demás se reían de mí, Valentina corrió ayudarme, de la forma más inesperada entro a mi vida y se volvió mi mundo.
Cuando esas horrendas pesadillas me atacan por las noches, ella no sale de mi mente, es lo único que me mantiene tranquilo, ni en mis sueños me abandona. Ayer abrí mis ojos y algo me estaba mirando, sé que había alguien allí, un olor putrefacto llenaba mi alcoba, quería vomitar pero no pude, quise también gritar y tampoco tuve fuerzas para hacerlo, sus ojos brillaban como dos luceros endemoniados, yacía a un lado de la cama, no se si velaba mi sueños o me asechaba en la oscuridad de la habitación, entonces desperté. ¡Rayos! Estoy enloqueciendo, otra vez volví a soñar, aunque me repito que solo son pesadillas, en el fondo sigo sin encontrar la calma, me inunda el desosiego y la vos en mi cabeza que me dice que nada anda bien.
El cumpleaños de Valentina llego, ese día reinaba el regocijo, baile y bebidas por doquier, yo me olvide de todo lo demás, el resto del mundo dejo de importarme, tan solo deseaba celebrar junto al amor de mi vida sus 22 primaveras, pero creo que se me fue la mano y tome más de la cuenta, caí rendido en un sueño profundo. No sé en qué momento me llevaron al cuarto de Truman, el hermano menor de Valentina, al parecer dormía a mi lado porque podía sentir su respiración, lo que no entendía es por qué los ronquidos se oían como los gruñidos de algún animal, intente moverme para acomodar su cabeza para que cesaran sus tremendos alaridos, sin embargo no pude moverme, ni mis manos ni mi cuerpo reaccionaban, me encontraba paralizado por completo, en aquel instante me sentí prisionero en mi propio cuerpo, aunque nada me sorprendió más que ver al que hasta ese momento creí era mi cuñado, colocarse encima de mí, ¿mis ojos me engañaban?, o de verdad tenía un encuentro cara a cara con el diablo, esos ojos infernales fueron los mismos que noche a noche me vigilaban entre las sombras, poso sus garras en mi pecho y comenzó aruñar mi camisa, sintiendo como la tela se desgarraba al igual que mi piel, en medio de un dolor agonizante yo permanecía inmóvil como piedra, no era capaz de emitir sonidos ni mover musculo alguno. Su aliento podrido me revolvía el estómago, clavo su mirada del averno en mis pobres ojos inertes, aunque tenía total control de mis pensamientos nada podría hacer ante esa cosa siniestra que disfrutaba la tortura que le impartía a mi cuerpo.
Lo siguiente que recuerdo es despertar bruscamente en otro lugar, rodeado por espectros grotescos quienes parados alrededor de la cama me miraban como buitres, parecían querer lo mismo, sus manos si es que así podía llamárseles a los huesos ensangrentados que tenían, deseaban sujetarme y sabe Dios qué harían después, la carne de sus rostros era espantosa y lucia en descomposición, algunos sin ojos y otros con enormes dientes destrozados, solo una vos angelical me saco del trance en que me hallaba, Valentina la luz de mis ojos volvía a iluminarme, rescatándome del infierno.
Un médico la acompañaba, quien me explico lo que según el ocurría, yo padecía de una enfermedad sorprendente pero común, el trastorno del sueño aislado. Quien la sufre mantiene plena conciencia para pensar, sin embargo permanece incapacitado físicamente, padeciendo tales episodios en los momentos previos a dormir o a la hora de despertarse. Para el doctor esa fue la explicación a todos mis males, era normal que tuviese ciertas alucinaciones y hasta imaginara presencias paranormales, sufriendo de aquel trastorno. Para mí las palabras de mi abuela cuando niño nunca fueron más claras, en sus creencias esotéricas siempre decía que los espíritus malignos, las llamadas almas condenadas del infierno nunca descansan en paz, que vagan por el mundo terrenal en busca de recipientes a los cuales poseer, robando el cuerpo de los débiles de mente y apoderándose de ellos.

Para la ciencia mi problema es una enfermedad en la que literalmente estoy despierto, aunque mi cerebro sigue sumergido en el sueño. Lo que ellos nunca entenderán es que soy víctima de mis propios sueños, sé que esas criaturas demoníacas esperan por mí, mi cuerpo es su anhelo y aguardan sigilosamente en las tinieblas, esperando el minuto preciso en que sea más vulnerable, cuando me encuentre vagando en un estado de limbo. Mi maldita disfunción cerebral es mi peor enemiga, nunca podré sacar de mi cabeza la hambrienta mirada del demonio, la próxima noche sé que ahí estará, paciente como siempre, esperando que mis episodios de vigilia se repitan y ansioso saltara sobre mí, aunque pueda abrir los ojos y mirarlo directo a los suyos, mi parálisis corporal me dejara nuevamente a su merced. Si vuelvo a sufrir uno de esos ataques de trastorno del sueño, quizás sueñe que morí o tal vez mientras duerma moriré.